Últimamente se habla mucho de las “soft skills” o habilidades blandas, que son entre otras cosas: trabajo en equipo, capacidad de liderazgo, comunicación asertiva, resolución de conflictos, gestión del tiempo, gestión del cambio, empatía, escucha activa y así la lista puede continuar hasta el infinito y más allá si te lo propones. Todas estas habilidades serán deseables para los trabajadores del futuro, ya que las máquinas nos reemplazarán en muchos aspectos, pero a nivel emocional serán las personas las que hagan la diferencia.

Y ¿por qué te cuento todo esto?, básicamente porque desarrollar tú inteligencia emocional es el primer paso para poder adquirir muchas de las habilidades antes descritas.

¿Qué es la inteligencia? Un poco de historia.

Muchas veces escuchamos esta palabra “que inteligente o poco inteligente es” refiriéndose a las personas, o eso de: “le ha ido muy bien en la vida…normal…es muy inteligente”. ¿Qué te transmite ese tipo de afirmaciones?

Son frases que escuchamos todo el tiempo, es más, la mayoría creemos ser capaces de saber a ciencia cierta cuándo alguien es, o no, inteligente. Eso sí, muchas veces no sabemos muy bien de dónde viene exactamente esa inteligencia, ¿es lo qué hace? ¿es lo qué dice? ¿son los resultados que obtiene? ¿su educación? ¿Un puesto de trabajo? Seguramente, dependiendo de con quién hablemos será una cosa u otra la que marque la diferencia, y es que existen tantas interpretaciones como personas en el mundo.

Son estas interpretaciones las que llevan a los científicos y estudiosos de los años 30, a estudiar los distintos tipos de inteligencia, y es que, por si aún tenías dudas, no sólo el coeficiente intelectual es lo que hace que una persona sea exitosa o feliz en su vida.

Pero me estoy adelantando, el origen etimológico del concepto “inteligencia”, hace referencia a “saber elegir”. Proviene del latín intelligentia, que a su vez deriva de inteligere: intus (ʿentreʾ) y legere (ʿescogerʾ).

Por su parte, la Real Academia de la Lengua (RAE) nos trae las siguientes definiciones:

  • La capacidad de entender o comprender.
  • La capacidad de resolver problemas.
  • Sinónimo de habilidad, destreza, experiencia.

Fue Gardner, en su teoría de inteligencias múltiples (1995), quien, sin negar el integrante genético, convierte la inteligencia en una capacidad y, por tanto, en una habilidad desarrollable. Para Gardner existen 7 inteligencias con las que las personas adquieren la información del entorno, la interpretan y reformulan para después mostrarla, desde su perspectiva a los demás:

  1. Inteligencia lingüística‐verbal
  2. Inteligencia lógico-matemática
  3. Inteligencia musical
  4. Inteligencia espacial
  5. Inteligencia kinestésico-corporal
  6. Inteligencia naturalista
  7. Inteligencia Emocional
  8. Inteligencia existencial (incluida en 1998)

Gardner hace referencia a la inteligencia emocional, aunque serán John Mayer y Peter Salovey los que acuñen por primera vez el concepto de Inteligencia Emocional. Para finalmente ser Daniel Goleman con su bestseller Inteligencia Emocional el que consiguió difundir el concepto sacándolo del entorno puramente científico.

Goleman reconoce que su trabajo se basa en los estudios de John Mayer y Peter Salovey. Goleman plantea que “lo emocional” ya no es considerado inferior a lo racional, sino una parte importante del proceso cognitivo, nuestros comportamientos y nuestras motivaciones responden más a aspectos emocionales que cognitivos.

Por último, la definición más reproducida de Inteligencia Emocional, propuesta por Goleman (1995): «La capacidad de reconocer, aceptar y canalizar nuestras emociones para dirigir nuestras conductas a objetivos deseados, lograrlo y compartirlos con los demás».

Entonces ¿qué beneficios obtengo si desarrollo mi inteligencia emocional?

La inteligencia general, la que medimos a través del coeficiente intelectual (CI) es, en su mayor parte, heredada. Y está dentro del ámbito de las aptitudes, es decir, es cuantificable. No obstante, no es un concepto de todo o nada, una parte se desarrolla con la experiencia, pero:

  • No es un buen predictor del éxito,
  • No permite discriminar entre personas.
  • No ofrece preparación para las dificultades y oportunidades de la vida.
  • Solo nos da un dato sobre el rendimiento académico de una persona.
  • Y comprende la capacidad verbal, numérica, espacial y lógica.

Por otro lado, la inteligencia emocional es básicamente aprendida y está en el ámbito de las actitudes, no es cuantificable y nos ayuda en el conocimiento y control de las emociones tanto propias como ajenas.

Usando un poco de cada una de las definiciones, diré que la inteligencia emocional será la capacidad de saber gestionar tus emociones para no vivir esclavo de ellas ni estar prisioneros. Ser capaz de adaptarnos al entorno, aprender de la experiencia (buena o mala) y poder superar obstáculos.

Nos dicen que cambiar es muy complicado y que no se puede hacer de la noche a la mañana, no es cierto, estamos cambiando todo el tiempo, nuestro repertorio emocional se ve afectado a cada momento con todo lo que hacemos, con nuestro primer amor, nuestra primera decepción, nuestra primera pérdida, nuestro primer amigo, trabajo y así suma y sigue. Aún así, nos cuesta creer en la posibilidad de conseguir un cambio consciente. ¿Por qué?

Estamos acostumbradas y acostumbrados a oír frases como: “siempre me pasa lo mismo”, “haga lo que hago no puedo cambiar”, “¿de qué me va a servir esforzarme por cambiar?”…

¿Y si te dijera que puedes ser consciente de tus emociones? Porque, aunque te cueste creerlo, puedes ser consciente de ellas y saber y entender por qué haces todo lo que haces. Es más, puedes saber exactamente cuál es el momento en el que una emoción te lleva a responder de la manera en la que lo haces habitualmente. Y esta, sin duda, es la forma de conseguir ese cambio.

Para eso y mucho más sirve la inteligencia emocional, sin contar con que hay numerosos estudios que coinciden en que un buen estado emocional ayuda a contraer menos enfermedades como las cardiovasculares, algunos tipos de cáncer o algo tan simple como una gripe y por supuesto aumenta la esperanza de vida. Pero ese es otro tema del que ya te hablo en este video.

En definitiva, la IE es importante ya que:

  • Influye sobre nuestra felicidad.
  • Contribuye al éxito en todas las esferas de la vida.
  • Mejora las relaciones sociales.
  • Mejora los estados emocionales propios.
  • Es clave en la adaptación al entorno.

Y lo mejor de todo: se puede entrenar, aprender y mejorar… Si quieres saber más sobre el coaching emocional o mis talleres de inteligencia emocional, no dudes en contactarme, estoy encantada de escucharte.